Capítulo 64
Sus dedos golpean suavemente la madera de la mesa, llevaba horas en ese lugar, contemplando con aburrimiento el cuadro de una aparentemente feliz y estirada familia de sabrá Dios qué época.
—Madre, Padre, hijo mayor, hijo menor —murmura con fastidio.
Sujeta el candelabro, sus dedos rozan el bronce del objeto por unos segundos antes de arrojar el objeto contra el cuadro cayendo este al suelo en un sonido estrepitoso, Dero contó por siete segundos antes de que la pieza de arte volviera a su lugar al igual que el candelabro. Resopla con cierto aire divertido y se levanta de la silla. Había destrozado el lugar por completo pero este siempre volvía a la normalidad, al principio fue una manera de librarse del estrés ya después se fastidió de lo mismo.
No sabía a dónde ir, había intentado todo para salir pero ese sitio no tenía ni principio ni final y ya en serio estaba comenzando a afectarle, habia días dónde solo miraba el techo y dejaba que pasaran las horas, otros dónde simplemente destruía lo que se le cruzara en el camino e incluso intento leer algunos libros pero todos estaban en blanco.
—96 putos días...
Pasea por los pasillos y se detiene frente a un cuadro, lo mira de reojo por unos segundos y solo sigue. Había una variedad de retratos por todo el lugar pero había uno que era especialmente su favorito, era discreto, pequeño y poco visible pero era lo más cercano a sentirse acompañado. Al de cabello bicolor le gustaba "conversar" con ella, era casi como tener un oyente silencioso, un poco enfermo pero era la única manera de mantenerse cuerdo en aquel lugar, aquella mujer rubia parecía ser su única "compañía" a diferencia de los otros estirados que solo le daban mal augurio.
¿Estaba opinando de cuadros? Si, porque ya no tenía nada que hacer y morir no era opción.
Se detuvo frente al pequeño marco dorado, el único que no le devolvía una mirada de juicio aristocrático. Se apoyó contra la pared fría, dejando que su nuca golpeara suavemente la superficie que, sabía bien, no conservaría la marca de su cansancio por mucho tiempo.
—¿Cómo estás bonita? ¿Me he perdido de algo? —preguntó Dero, ladeando la cabeza para que un mechón de su cabello bicolor cayera sobre su ojo— juraría que las sombras en tu vestido se movieron un milímetro a la izquierda.
Soltó una risa seca, sin rastro de alegría. Estiró la mano, rozando con la yema del dedo el lienzo.
—¿Sabes qué es lo peor? Que los otros... —hizo un gesto vago hacia los retratos de la "familia feliz"—... ellos al menos tienen a alguien a quien odiar en el mismo cuadro, solo míralos —murmura con desprecio— parecen que en cualquier momento uno le clavara el cuhillo al otro, en cambio tú... Tú estás tan sola como yo...
Se quedó en silencio, esperando una respuesta que sabía que nunca llegaría.
—Noventa y seis días, bonita, si llego a los cien y sigo aquí, te juro que voy a quemar este pasillo entero solo para ver si el fuego también tiene la decencia de reiniciarse. Aunque... —su voz bajó a un susurro casi afectuoso— aunque a ti te escondería bajo la cama, no dejaría que te convirtieras en ceniza sabes que eres muy...
Silencio.
De repente fue consciente de lo que sucedió y apretó sus labios, respiro profundo y cerro sus ojos antes de mirar nuevamente el retrato.
—Ella nunca usaría un vestido así... —le susurró al retrato, con una sonrisa amarga que no llegó a sus ojos carmesi— No es su estilo pero tus ojos... —Dero guardó silencio, tragando saliva— Tus ojos son lo único que no se siente como un libro en blanco en este castillo de mierda.
Cerró los puños, resistiendo el impulso de arrancar el cuadro de la pared. Sabía que si lo hacía, en siete segundos volvería a estar colgado, frío e inalcanzable, recordándole que incluso el consuelo de un rostro familiar era una ilusión programada.
—Día noventa y seis —dijo, dándole la espalda finalmente— Mañana intentaré no odiarte tanto por parecerte a ella.
Dero no llegó a dar el tercer paso por el pasillo.
Un sonido seco, como el de un engranaje oxidado, retumbó en las paredes de la galería. No fue el estruendo del candelabro al caer, este era un sonido real, un crujido de madera y metal que no pertenecía al bucle de regeneración.
Se quedó petrificado. Trago saliva mientras contaba mentalmente.
Uno... dos... tres...
Siete segundos pasaron, el sonido no se repitió, pero tampoco se "borró". El silencio que siguió no era el vacío de siempre, sino uno cargado de expectativa. Al fondo del corredor, una de las puertas que siempre había estado cerrada estaba entreabierta. Apenas un centímetro. Un destello de una luz diferente, más fría y menos artificial que la de las lámparas de la mansión, se filtraba hacia la alfombra.
—No me jodas... —susurró, y esta vez no era una broma para el cuadro.
Sintió un escalofrío atravesar todo su cuerpo y caminó hacia la puerta con una mezcla de instinto asesino y una esperanza que le quemaba el pecho. Al llegar, no la abrió de golpe. Primero apoyó la mano sobre la madera, esperando que el lugar se reiniciara y le cerrara la puerta en la cara pero la puerta se quedó allí, como si estuviera invitándolo a pasar.
Dero empujó lentamente. El chirrido de las bisagras fue música para sus oídos Al otro lado, no había más pasillos ni retratos de familias, no... Había algo más.
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(Inserte pausa dramática)
—¿Me estás diciendo que quieres rescatar al Sonic team? —dice incrédula la demonio, Scourge asiente— ¿Al tipo que más odias en este mundo?
—¡Que si!
—¿Por qué? Digo... ¿Estás consiente de que hay un lunático roba poderes que tiene el maldito guión de su lado? —Jade cuestiona y los demás le dan la razón— si no han aparecido hasta ahora es porque ya valieron madres.
El peliverde chasquea la lengua cubriendo el puente de su nariz con sus dedos, no podía decir que le saldrían canas verdes porque su cabello ya era de ese color.
—Precisamente por eso queremos buscarlos —contesta Aidra— somos prácticamente los únicos que podemos hacer algo todavía y ¡Lo lamento! Me gusta mi libertad.
—Gracias, Aidra, por ser el único que usa el cerebro —menciona Scourge con cierta ironía en su voz.
—Ok, hagámoslo, salvamos a los inútiles ¿Y luego que? —cuestiona el demonio— ¿Te piensas que ganaremos con el poder de la amistad o algo asi? ¿Siquiera hay forma de matar a esas cosas?
—Nop —Fire resopla.
—¡Genial! Gracias por nada —el mencionado se coloca de pie y da un paso adelante.
—No podemos matarlos pero hay algo que podemos hacer —el azabache se da la vuelta y camina hasta donde tenía atada a la criatura— al igual que su dueño, ellos se alimentan de la energía, se vuelven locos por nosotros, pero podemos hacer esto.
Aidra se acerca y toma una daga, corta levemente la palma de su mano, brotando sangre de la herida, en cuarto percibe el olor, la criatura reacciona con furia y busca abalanzarse contra el hechicero sin éxito alguno, había perdido sus extremidades. El azabache se agacha y coloca sus manos a ambos lados de su cráneo, poco a poco los movimientos erráticos son sustituidos por perezosos y desganados hasta que finalmente se queda quieto.
—¿Murió? —el hechicero sonrie.
—Por supuesto que no. Me tomo varios intentos pero así como ellos quieren nuestros poderes, nosotros podemos tomar los suyos —explica vagamente para luego sujetar el cuello de la criatura— claro, no todos pueden hacerlo así que la otra solución simplemente es...
Clava la daga en su pecho e inmediatamente explota, no en mil pedazos pero si en curiosos destellos blanquecinos que se dispersan en el aire yéndose en una dirección en específico.
—¿A dónde va? —pregunta Raven.
—De vuelta con su amo, no pueden morir pero podemos dejarlos "fuera de combate" he visto suficientes de esas cosas para notar que tienen un patrón muy específico de grietas en su cuerpo, si apuñalas en la concentración de estas ¡Kaboom! Ahí tienes tu solución.
—Entonces, los que se enfoquen en combate van al frente y los demás se encargan del Team de los pendejos —sentencia Scourge— Mephiles y yo nos bajamos al princeso.
—Vuelvo y repito —el pelinaranja alza la mano— ¿Puedes contra él?
Scourge pone los ojos en blanco, soltando un bufido de impaciencia ante las dudas de su amigo.
—Jade, te recuerdo que alguna vez yo también fui un Sonic, pueden confiar en mi.
—¡Y no miente! —exclama Night sin despegar la mirada de un comic de Archie— Es un Sonic... ¡Mujeriego, pero un Sonic!
—Solo tenemos que esperar el momento perfecto.
—¿Y que hay de misifu? —dice Raven haciendo referencia a la ausente albina.
—Yo digo que la usemos de carnada —opina Kinomi y casi inmediatamente recibe una mirada asesina del resto— solo era una sugerencia.
—Mi niña no va a siquiera poner un pie en ese lugar —ataca Night entre dientes cerrando el comic con un golpe en seco.
—Tu niña debe ser la más emocionada por querer ir a vengarse de su novio —contraataca la demonio.
—No me apatece realmente pero hay cosas que no se pueden evitar —dice Kelly haciendo acto de presencia— es un poco cruel que planeen asesinatos sin mi ¿Descubriste como matarlas?
—Casi, pero con eso es suficiente solo tenemos que averiguar cómo encargarnos de...
—Dijiste que hay que apuñalar la concentración de las grietas ¿Verdad? —Aidra asiente— Genial, me apunto.
—¿Disculpa? —le cuestiona Night casi ofendido— No irás con...
—Ese cabron tiene algo que me pertenece.
—Kelly... —intenta razonar Scourge.
—Me lo debe —el mayor suspira y alza las manos en señal de rendición.
—Bien como quieras —acepta de mala gana— tomen su siesta señoritas, está noche seremos los putos héroes.
Nadie replicó más, Kinomi se fue murmurando un "¿Entonces será la carnada o no?" Junto a Fire y Night hizo un puchero bastante descontento con la decisión tomada siguiendo de lejos a Scourge y Aidra quienes se alejaban discutiendo los detalles de la misión, mientras que Raven y Jade se retiraban por su parte, Mephiles solo se mantuvo en su sitio mirando a la albina, está alzó una ceja pero no obtuvo palabra alguna, él oscuro simplemente se fue dejándola en la habitación.
Kelly chasquea la lengua pero no dice nada, prefiero regresar a su antigua habitación y buscar ropa adecuada para lo que se avecina y sobretodo algo que le sea cómodo.
—Maldita comezón —murmura entre dientes.
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—Bienvenido ¿Eres el nuevo?
Dero no dijo absolutamente nada, observa con recelo a su alrededor, un salón de fiestas completamente destruido, su mirada se posa en la presencia de aquel hombre de espaldas, cabello largo y oscuro y una postura que gritaba "disciplina" que inspiraba un aura aterradora, el bicolor solo frunce el entrecejo antes de caminar al centro del gran salón.
A pesar de que en el fondo sienta alivio de haber encontrado a alguien más eso no quitaba la mala espina que le daba el hombre ¿Por que no lo vió antes? Y ¿Por qué no habia podido entrar a esta habitación sino hasta ahora?
»No llevas mucho tiempo aquí ¿Verdad? Tu cara te delata.
—Llevo algo de tiempo aquí —responde a cambio— ¿También eres nuevo? —el asiático alza su comisura izquierda casi divertido por el comentario.
—Estoy aqui desde 1418 —contesta y Dero voltea a verlo inmediatamente.
—¿Que? —el mayor se gira, sus ojos carmesis escudriñandolo con la mirada.
—Ironico —dice antes de regresar su vista al frente— me recuerdas a alguien.
El azabache observaba el extraño cristal en medio del gran salón, un enorme fragmento que brillaba tenuemente con elegancia a su alrededor, Dero se acercó y no pudo evitar sentir calidez emanar de este, demasiado contrastante al frío lugar en el que se encontraban, sus ojos pronto pueden vislumbrar una figura borrosa dentro del objeto, no podía ver su rostro pero sabía que era una mujer.
—¿Quien o que es?
El asiático alza su mirada sin mucho interés, observa de arriba a abajo el gran cristal.
—Solo una pieza de colección —menciona antes de darse la vuelta— ¿Vienes? Supongo que debes estar aburrido de solo conversar con la señorita del cuadro.
Inmediatamente las mejillas de Dero se sonrojan.
—¿¡Me has visto?! —el otro se encoge de hombros.
—No hay mucho que hacer por acá.

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