Capitulo 63

 


—Te siento ausente...


Dedos curiosos se paseaban por su cuerpo, deslizándose suavemente desde su espalda hasta su cintura, con una mano mueve su cabello a un lado exponiendo su cuello y con sus pulgares acaricia sus mejillas, sus miradas se cruzan y Kelly solo se limita a guardar silencio, Black la mira con detenimiento, sus ojos grises yendo de un lado a otro, la albina no sabía que miraba en concreto pero era extraño, casi parecía que la observaba con verdadera devoción, diferente a como alguna vez Dero le vio.


Pero sabía que era falso, solo un capricho porque era consciente de que este hijo de puta tenía una fascinación insana con burlarse de ella, casi parecía que lo hacía por hobby. No había nada de Dero en Black, ni su sentido humor, ni su carácter, ni siquiera en los hábitos que compartieran, era tan contraproducente y molesto, pero ahí estaba ella, cometiendo otra vez lo que alguna vez casi arruina su relación. Kelly cierra sus ojos sabiendo que después de esto no había posibilidad alguna de que existiera algo entra ella y su pareja y su aún así Dero tuviera la idiotez de perdonar su falta, ella misma se encargaría de que sus caminos no se volvieran a encontrar.


Él no se lo merecía.


Black soltó una risa seca, apenas un soplido que rozó la piel expuesta del cuello de Kelly. No se apartó, al contrario, redujo la distancia hasta que el frío de sus dedos contrastó con la calidez de la cintura de la albina.


—¿En quién piensas, Kelly? —preguntó él, con esa voz impregnada de esa calma perturbadora que más de una vez le ha sacado de quicio— hace poco te veías tan entusiasmada y ahora...


El azabache sonríe y la albina apretó los párpados, negándose a darle el placer de ver sus ojos violetas empañados por la culpa. Black delineó la mandíbula de ella con una lentitud tortuosa como si contornear los rasgos de la chica fuera el mayor entretenimiento del mundo.


—Es curioso —susurró él al oído de la chica, su cuerpo inclinandoce hacia ella— Te esfuerzas tanto en buscar a alguien que ya no existe ¿Que te hace pensar en que lo lograrás?


Sabía que cada segundo que pasaba en esa habitación, Kelly se alejaba más de su vida anterior y se hundía en el caos que el azabache representaba. 


—Solo... —la albina relame sus labios— quiero volver a la normalidad... ¿Porque tenía que suceder esto? Éramos tan...


El azabache ladea su cabeza y niega, su mano se desliza de su cuello hasta sus brazos, nunca era un toque fuerte, era gentil y delicado, demasiado contrastante con él sentimiento que le provoca a la chica. Posiciona sus labios en el cuello de la albina, solo un pequeño roce casi inocente.


—Sabes que si no fuera por él ninguno de los dos estaríamos aquí... Somos la consecuencia de sus acciones. 


Black soltó una risita baja, un sonido vibrante que Kelly sintió contra su propia piel. No se conformó con la cercanía; sus dedos, comenzaron a trazar figuras caprichosas sobre la clavícula de la albina, descendiendo con una lentitud exasperante hacia el borde de su pecho, sin nunca tocarlo y Kelly respiro exasperada, prefería que acabara ya con esto o la dejara ir pero no quería seguir escuchando su voz.


¿Porque era tan hablador? Llevaba todo el día ignorandola y ahora se encontraba especialmente risueño, casi de buen humor ¿Acaso el sexo lo volvía hablador? Que desgracia.


Él se inclinó un poco más, dejando que el piercing de su labio rozara apenas la piel sensible debajo de su mandíbula, un contacto eléctrico y fugaz. 


—Dime una cosa —susurró— Si cerraras los ojos ahora mismo... ¿podrías convencerte de que soy él? ¿O es precisamente el hecho de que no lo soy lo que hace que tu corazón lata tan rápido que casi puedo oírlo?


—Pienso que te das mucho merito.


Él no se inmutó ante sus palabras. Al contrario, una sonrisa casi imperceptible, apenas un leve movimiento en la comisura de sus labios, fue su única respuesta inmediata.


—El mérito es un concepto tan... ruidoso —susurró él, volviendo a deslizar sus dedos por el brazo de la albina con una ligereza que apenas era un roce de yemas.


Se alejó lo justo para clavar sus ojos grises en los violetas de ella, estudiándolos con esa devoción analítica que tanto la perturbaba. Su mano regresó a la mejilla de la chica, pero esta vez su pulgar delineó el labio inferior de Kelly con una suavidad tortuosa, casi como si estuviera admirando una pieza de porcelana fina que él mismo acababa de trizar.


—Dices que me doy mucho crédito... —continuó, su voz bajando un octavo, volviéndose un murmullo— pero mírame, No he tenido que forzar ni una sola de tus reacciones.


Inclinó la cabeza con elegancia, permitiendo que el arito en sus labios rozara la comisura de los labios de Kelly, un contacto tan sutil que ella no sabía si desear que presionara más o que se detuviera para siempre.


—Si de verdad fuera solo mi ego, ya te habrías marchado. Te deje ir la primera vez que nos encontramos —exhaló contra su boca, el calor de su aliento mezclándose con el de ella— Pero aquí estás, si estás traicionando la confianza de tu amado es porque así lo has decidido Kelly.


Las palabras del mayor fueron el último empujón. El recordatorio de Dero fue lo que terminó por acabar con la albina, Kelly intentó sostenerle la mirada, desafiarlo pero sus ojos violetas se nublaron rápidamente. Una primera lágrima, traicionera y caliente, escapó y resbaló por su mejilla, siendo interceptada casi de inmediato por el pulgar de Black.

Él no se apartó. Al contrario, la observó con fascinación, su expresión imperturbable mientras veía cómo el rostro de la albina se contraía en un gesto de dolor puro.


—Oh... No llores —susurró Black, su voz era un ronroneo cargado de una satisfacción oscura— ¿Crees que tienes derecho a sentirte culpable? 


Ella soltó un sollozo ahogado, un sonido roto que llenó el espacio entre sus cuerpos. Sus manos, que antes estaban inertes, subieron débilmente para intentar apartarlo, pero no tenían fuerza; terminaron aferrándose él, mientras el llanto se desbordaba. Kelly bajó la cabeza, dejando que sus lágrimas mancharan el pecho del mayor, odiándose a sí misma por buscar refugio en el mismo hombre que la estaba destruyendo. El azabache simplemente la envolvió con sus brazos, obligándola a pegarse más a él. Inclinó la cabeza sobre el hombro de ella, inhalando el aroma de su cabello blanco.


—¿No te parece un poco bajo llorar por algo que tú misma provocaste? —le dijo al oído, su tono volviéndose extrañamente suave, casi protector, pero manteniendo ese filo de crueldad— puedes llorar por Dero, llorar por la culpa que sientes... Pero al final del día, sigues aquí.


Le acarició la espalda con una lentitud rítmica, disfrutando de los temblores de Kelly. Sabía que cada lágrima que caía era un clavo más en el ataúd de su relación anterior, y eso le producía un placer indescriptible. Con un movimiento lento pero inevitable, agarró su mentón, obligándola a levantar la cara. Sus ojos grises brillaban con una intensidad cruel, deleitándose en el contraste del violeta empañado de ella.


No esperó respuesta. Acortó la distancia de golpe, atrapando sus labios en un beso que no tenía nada de consuelo. Fue un beso invasivo que sabía a sal por las lágrimas de ella. Kelly intentó ahogar un sollozo contra su boca, pero él solo profundizó el contacto, rodeando su cintura con una fuerza que le recordaba que, en ese momento, ella no le pertenecía a nadie más. Sus manos, antes delicadas, se volvieron exigentes, recorriendo la espalda de la albina, marcando territorio. El azabache se separó apenas unos milímetros, lo justo para ver el desastre que había provocado. Sus labios estaban húmedos, su respiración mezclada con la de ella.


Cuando Black volvió a atrapar sus labios, Kelly no se tensó. Al contrario, sus dedos, que antes se aferraban a él por pura angustia, se relajaron y luego rodearon su cuello acercándolo más. Fue un acto reflejo, una respuesta instintiva que la hizo sentir un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío de la habitación. 


Black se dio cuenta. Sintió cómo ella cedía, cómo su respiración se volvía pesada y cómo, por un segundo, Kelly le devolvió el beso con una desesperación que ya no era solo tristeza. Él se separó lo justo para ver sus ojos violetas, ahora empañados no solo por el llanto, sino por algo más que ella intentaba esconder en vano. Black soltó una carcajada baja, vibrante, que resonó en el pecho de Kelly.


—Crei que eras diferente a ella... —le susurró, su voz cargada de esa arrogancia insoportable mientras acariciaba su mejilla húmeda— pero supongo que hay ciclos que no podemos evitar repetir.


Kelly intentó negar con la cabeza, pero sus propios labios estaban entreabiertos, buscándolo de nuevo de forma inconsciente. No tenía tiempo ni ganas de siquiera cuestionar sus palabras, ella no quería escucharlo hablar, quería que cerrara la boca de una vez por todas y le diera su tan anhelaba paz, quería callar de alguna forma aquellas palabras venenosas que no hacían más que carcomerle la mente y hacerla sentir miserable.


Silencio, solo quería silencio.


Con una parsimonia exasperante, Black no la besó de inmediato. En su lugar, comenzó a dejar una estela de roces húmedos y lentos a lo largo de su mandíbula, bajando nuevamente por su cuello, justo donde el pulso de ella latía con una fuerza que delataba sus penas. Sus manos se deslizaron desde su espalda hasta sus mejillas, acunando su rostro con una delicadeza que se sentía como una burla.

Él sabía que para Kelly, cada segundo de este contacto era una traición, y por eso mismo se tomaba su tiempo. Quería que ella sintiera cada gramo de ese "gusto" que tanto le costaba admitir que tenía.


Finalmente, selló sus labios con los de ella en un beso lento, profundo y sofocante. No hubo prisa, solo una presión constante que obligó a Kelly a desconectarse de todo lo demás. En ese silencio absoluto de la habitación, lo único que existía era el roce contra su piel y el peso de una culpa que, por unos instantes, se sentía deliciosamente ligera.


Tal vez si cerraba sus ojos si podría pensar que era a su amado quien la acompañaba y no esté imitador.



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Sus garras se arrastraron por la madera causando un sonido molesto para sus oídos, la criatura solo soltaba gruñidos buscando la manera de llegar a su objetivo, los otros se habían rendido yéndose detrás de más víctimas pero este tenía una fijación especial con ella. Las heridas en sus piernas evitaban que pudiera escalar el árbol pero definitivamente Kelly supo que era un enemigo con el que no le gustaría lidiar en cuanto atravesó su cráneo con una navaja y este no murió.


Curioso.


Sangre desbordaba de sus heridas, un tono peculiar, su piel tan oscura como la noche solo resaltaba el vómito espacial que salía de su cuerpo, demasiado colorido, demasiado impropio y muy extraño.


—¿Que clase de broma es esta? —murmura para si misma.


No devoraban a seres vivos, los mordían y ya con eso parecían contentos así como ignoraban deliberadamente a otros, como si escogieran a sus víctimas y tal parece que ella tenía eso que ellos buscaban. Un suspiro broto de sus labios y se acomodo sobre la rama del árbol, tres malditos días habían pasado desde que comenzó todo, tres días en los que no había señales del Team Sonic ¿Dónde estaban? Nadie lo sabía y desde entonces todo se había ido a la mierda.


Y con ellos sus vacaciones.


Mueve sus pies con cierto aire distraído, desde que su casa fue invadida por aquellas cosas y se vio obligada a salir en contra de su voluntad y al ver que esos desgraciados no podían morir no le quedó más opcion que solo observar y anotar mentalmente lo que notara ¿Quien sabe? A lo mejor su conocimiento sería útil cuando aparezca un héroe.


Si es que aparece.


Su estómago gruñe y con ello le acompaña una explosión que retumba a lo lejos. Otra ciudad más que había caído y lo toma como su señal para irse, se estira levemente y se levanta, toma su Extreme gear y salta aprovechando la situación para quemarle el rostro a la criatura con la tabla e irse a máxima velocidad. Desde entonces esa era su rutina, existir hasta que alguien resolviera el asunto o hasta que ella tuviera la dicha de encontrarse con ese hijo de puta y hacerlo pagar por lo que ha hecho.


Lo que sucediera primero.


En su memoria seguían frescos los recuerdos de su más grande fracaso, las miradas de lastima que le daban los demás solo le provocaba asco de si misma, detestaba que le vieran así, como otra víctima más y lo que más le enfurecía era que pensaran aquello, odiaba que fueran compasivos cuando su fracaso solo había sido producto de sus malas decisiones, de su idiotez y su incapacidad de pensar con claridad.


A estás alturas Kelly no se sentía quien para juzgar a Inner por traicionar la confianza de Liz cuando ella había sido igual e incluso peor. 


Apresura el paso y esquiva ágilmente los árboles que se topa en el camino, el viento hacia que ver fuera una tarea difícil y maldice el momento en el que no pudo conseguir sus gafas, aunque no hubiera necesitado unas gafas o siquiera su Extreme gear si nada de esto hubiera pasado en primer lugar.


¿Dónde está el maldito team Sonic cuando se le necesita?


Su mal humor empezaba a tocar la puerta y la comezón en su piel no hacia más que aumentar este. De repente se ve obligada a frenar abruptamente en cuanto se ve envuelta por chaos que sobrevuelan desesperados a su alrededor, otra cosa más, más monstruosa que humana se le acerca y la albina chasquea la lengua, cansada de sobre pensar, cansada de sus responsabilidades y harta de tener que lidiar con los problemas de los demás.


Cierra su puño y una estela azulada es lanzada contra la criatura quien solo absorbe la energía sin mayor problema.


—Asi que eso es lo que te comes maldito.



El monstruo se coloca en cuatro patas y gira su cabeza, aquel líquido colorido escapándose de entre sus fauces, el maldito casi se veía contento con su nuevo objetivo. Kelly respiró hondo, sintiendo el aire caliente llenar sus pulmones. Activó el propulsor y, en un instante, la velocidad la golpeó de frente, obligándola a entrecerrar los ojos mientras se lanzaba directamente hacia la criatura, usa la Extreme gear para arremeter contra el monstruo estrellandolo contra un árbol, prepara su tabla lista para quemarlo igual que el anterior pero alguien se le adelanta clavando dos cuchillas atravesando el cuerpo de la criatura quien busca liberarse de su agarre.


—¿Estas perdida niña? —pregunta casualmente una voz a sus espaldas transportando sus recuerdos por un momento a ese callejón mugroso.


—No puede ser... — Murmura para si misma.


No pasó mucho para que la albina fuera asfixiada en un abrazo demoledor el cual estaba segura que a más de uno podría matar ante tanta presión.


—¡Mi niña! Todavía estás viva —exagera Night restregando su mejilla contra la de chica— Te extrañe tanto, estaba tan preocupado por ti.


Nadie pensaría que este tipo se cargo al monstruo en un solo respiro. Scourge rasca su nuca con cierta pereza y se acerca a la criatura, observándola forcejear contra las cuchillas intensamente y lleva una mano a su cadera antes de mirar nuevamente a Kelly quien seguía asfixiada por su compañero.


—Creo que se te ha pasado la mano.


—Iba a atacar a mi niña —se excusa, acariciando el cabello de la menor tal cual una madre con su hijo.


—Tu niña ya tiene 19 años —señala— y no me sorprenderia que se haya divertido haciendo cosas de mayores.


—¿Se puede saber que diablos hacen aquí? —interrumpe la menor ya harta de escuchar a los dos mayores.


—¿No es obvio? Aidra nos pidió que buscaramos a una de esas cosas, quiere mirar más de cerca que son y de dónde vienen porque a cosa mas fea —arruga su nariz con disgusto.


—Crei que eran invento de Eggman —Night se ríe como si acabará de decir la estupidez mas grande del mundo.


—Ay bonita, Eggman no hace ese tipo de cosas —Scourge asiente de acuerdo— lo suyo son más los aparatos o despertar dioses antiguos que luego se le saldran de control y tendrá Sonic que resolver el asunto.


—Pero Sonic está fuera de combate desde hace días y bueno —se encoge de hombros— nos toca resolver a nosotros.


Scourge se acerca al monstruo, retira las cuchillas sin mucho esfuerzo y sujeta del cuello a la criatura antes de siquiera poder intentar algo y la estrella contra el suelo pisandolo con su bota y clavando una jeringa en su piel para luego extraer de ese líquido colorido.


—¿Sonic está fuera de combate? —Pregunta casi incrédula.


—Fue el primerito en caer —se burla— Mephiles lo vio todo, dijo que fue todo un espectáculo, ojalá haber estado ahí pero no tengo ganas de ver a tu novio, tengo mal historial con él —murmura esto último.


—¡Pues deberíamos darle una lección! Está pretendiendo a nuestra niña ¿Vienes a casa con nosotros Kelly? Aquí afuera es muy peligroso.


Sin siquiera esperar respuesta el pelinegro la empuja obligándola a caminar hacia el peliverde quien se coloca sus gafas y se cruza de brazos no sin antes guardar la muestra en su bolsillo.


—Vamonos.


Night finalmente libera a Kelly de su agarre, un circulo se forma a su alrededor y no pasa mucho antes de que desaparezcan del bosque. El entorno cambia y la albina se encuentra nuevamente en aquel sitio que la vio crecer, tal parece que varios de ahí no se esperaban verla de nuevo porque no dudan en acercarsele y ahogarla en preguntas que no hacen más que incomodarla. 


—Ya déjenla animales, tanto tiempo sin verla y lo primero que hacen es acosarla —les reprocha el peliverde— ¡Aidra! He traído lo que pediste, haz lo tuyo.


—Podrias haberlo traido en mejor estado... —murmura el hechicero con cierto disgusto.


—Culpa de Night.


—¡No fue mi culpa! 


Aidra ignora a los otros dos e inmoviliza a la criatura haciéndola levitar en el aire y llevándose a esta consigo en compañía de Kinomi.


—¿Que planean hacer con esa cosa? —Raven se encoge de hombros.


—Ver que tan inmortal es, esos idiotas llevan días queriendo meterse en la base y ya comienzan a ser una molestia.


—Tal vez con un poco de magia negra se le quiten lo molesto —bromea el demonio haciendo un poco de fuego en las manos.


—Nada de magia negra Fire —le reprocha Jade— esto es un programa para todo público —el demonio resopla y se cruza de brazos.


El bullicio de la base, con las risas cínicas de Scourge y el drama maternal de Night, terminó por asfixiarla más que el abrazo de hace un momento. Con una excusa vaga sobre querer descansar, Kelly se alejó del grupo, arrastrando los pies hacia un rincón apartado, donde la luz parpadeante de un fluorescente moribundo era lo único que le hacía compañía. Se dejó caer contra la pared de metal frío, permitiendo que sus hombros finalmente colapsaran. Ahí, en la penumbra, sin el ruido de la batalla o las provocaciones del azabache, los pensamientos de Kelly empezaron a morder con más fuerza que cualquier criatura del bosque.


Esto era obra suya.


Abrió los ojos y miró su tabla, la Extreme Gear que la había salvado en el bosque. Estaba rayada, manchada de ese líquido multicolor que Aidra ahora estudiaba con fascinación "Soy una idiota" se recriminó en un susurro, apretando los dientes hasta que le dolió la mandíbula.


—¿Que es lo quieres? ¿Porque tardaste tanto en actuar?


—Probablemente solo estaba esperando el momento —responde Mephiles a su pregunta.


De las sombras emerge la figura del mencionado, al igual que su contraparte, había tomado una forma humana, un abrigo cubriendo parte de su rostro ocultando aquello que nunca se le ha visto. Kelly no se sorprende de verlo, el oscuro nunca había sido participe de las tonterías de los demás no obstante, tampoco los abandonaba, tal vez en el fondo los otros no eran tan de su desagradó.


—¿Esperar a que? —chasquea la lengua con mal humor— Si lo tiene todo ¿Porque esperar? 


—La noche no puede brillar sin las estrellas —Kelly soltó una risa amarga ante la respuesta críptica de Mephiles.


—No te recordaba tan poético —murmura ante dichas palabras— Sabes dónde está ¿verdad?—dijo Kelly, poniéndose en pie para luego posicionarse a su lado.


—Si... —contesta luego de unos segundos— pero no por ello permitire que hagas una estupidez que acabara con todos.


—¿Por quien me tomas?


La albina no dijo más, al contrario solo se echó la tabla al hombro y caminó hacia la oscuridad del fondo del hangar, dejando a Mephiles atrás. Cada paso resonaba en el metal frío, un eco solitario que confirmaba su nueva realidad, Mephiles se limito a observarla detenidamente, entrecierra sus ojos con juicio antes de desaparecer.


No le quedaba mucho tiempo.

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