Capitulo 69
El portal se cierra a sus espaldas y la albina se gira encontrandose sola en un bosque, regresa su mirada al frente buscando al ojiverde pero no hay rastro alguno de él. Avanza un paso con cierta duda y aprieta la correa del bolso entre sus dedos, baja la mano izquierda y toca por encima asegurándose de que las gemas estén consigo y suelta un suspiro cargado de alivio.
—Al menos siguen ahi... —susurra.
Diferente a esa realidad alterna, en esta era de noche, el cielo era vagamente iluminado por la luz de las estrellas sin embargo, el bosque estaba en absolutas tinieblas, demasiado oscuro para su gusto. Kelly cierra sus ojos y trata de buscar la energía de Inner, ignora la punzada que esto le provoca y se concentra en encontrar algún vestigio de su poder.
Resopla con fastidio y maldice entre susurros antes de abrir los ojos. Era jodidamente difícil buscar algo cuando tenía la mayor concentración de energía en sus manos, no entendía cómo le hacía Inner para encontrar la energía de las esmeraldas diferenciando una de otra.
Esto sería muy molesto.
No le queda más opciones que continuar, si ella no los podía encontrar, confiaría en qué su amigo la encontraria a ella. Avanza entre los árboles, se toma el atrevimiento de crear una pequeña esfera de energía que le ayuda a iluminar un poco su camino y observar mejor su entorno, con que pudiera encontrar un refugio le sería más que suficiente. A pesar de ser un sitio en el cual nunca había parado no podía evitar tener una sensación de familiaridad, como si ya hubiera andado por estos lugares antes, era demasiado extraño para ella, cada tanto sus dedos rozan la corteza de los árboles de forma inconsciente con pequeños toques distraídos. Comienza a descender colina abajo, rasca detrás de su cuello para luego sujetar la correa de su bolso entre sus manos.
La picazón seguía aumentando, empezaba a ser molesto.
A lo lejos logra visualizar una cueva, oculta entre maleza, invoca una pequeña daga y se aproxima lentamente hasta adentrarse, alumbra el pequeño espacio percatandose de que el lugar es más pequeño de lo que parece pero le sería suficiente por esa noche, guarda su arma al determinar que el sitio es seguro y regresa al exterior para buscar unas ramas para crear una pequeña fogata. Ya todo listo va de nuevo hacia adentro y lo apila todo en un pequeño grupo, coloca piedras alrededor y con un ademán la esfera sale disparada hacia las ramas provocando que se encendieran en fuego. La cueva se ve envuelta entre la calidez de la fogata y la albina se deja caer en suelo ahora más tranquila.
Se quita el bolso y lo deja reposar aún lado, alza sus brazos hacia el cielo, estirandolos hasta escuchar un suave "crack" entre sus huesos.
—Auch... —se queja en voz baja.
Recoge su cabello y lo ata en una cola baja para más comodidad. Habian cenado antes de irse pero ahora se arrepiente de no tener una botella de agua consigo. Rasca su hombro inconscientemente y suspira dejando caer su cabeza hacia atrás.
¿Cuando terminaría todo esto?
Observa de reojo el bolso y Kelly solo espera que las esmeraldas realmente ayuden en algo, no lo había querido expresar a los demás pero le preocupaba un poco que pasaría cuando estuvieran de regreso, las esmeraldas de su propio mundo fueron inutilizadas en un chasqueo ¿Que aseguraba que estás no sufrirían el mismo destino?. Tendrían que ser astutos si querían ganar, lograr que de alguna manera el azabache bajara la guardia.
—¿Pero como? —Es lo último que se pregunta antes de acostarse en el suelo.
Mira hacia afuera y luego sus manos, las alza abriendo y cerrando estás antes de quitarse los guantes, Kelly traga saliva para luego dejar sus manos descansar sobre su pecho y solo espera que Inner no tarde mucho en ubicarla.
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—¿Crees que siga viva?
—Mimi, sigue respirando —responde obviedad.
Percibe movimiento a su alrededor y la albina frunce el entrecejo al sentir un cosquilleo en su nariz, en un acto de reflejo le da un manotazo a quien sea que ose interrumpir su sueño y se acomoda para seguir durmiendo en el frío e incómodo...
Ella se había dormido en absoluta y completa soledad.
En un movimiento veloz se levanta con su daga en mano, colocando está en la garganta de la pelirrosa, quien alza sus manos en señal de rendición, Kelly frunce el ceño y la más bajita sonríe.
—Pues si que estás viva.
—¿¡Quien eres?! —exige presionando la hoja contra su piel y la chica hace un mohin con sus labios.
—Eso debería preguntarlo yo —le acusa con un gesto infantil— Invades nuestro territorio, me amenazas y ¿Preguntas quien soy yo?
—Sin contar que lleva consigo objetos prohibidos —menciona otra voz haciendo acto de presencia— Una explicación no estaría mal, claro, solo si deja de amenazar a mi compañera, si no es mucho pedir.
Kelly aprieta sus labios en una fina línea y el rubio alza ambas cejas diciéndole sutilmente un "no quieres hacer esto". La albina chasquea la lengua y retira su arma, la chica acaricia su cuello sintiendo el leve rasguño en su piel el cual por suerte no corto lo suficiente.
—Mi bolso —pide, escondiendo sus manos.
—No la veo dando una explicación —contesta sus ojos mirándola de reojo— No se si está consciente pero la última persona que hizo uso de estás gemas enloqueció, no me gustaría que se repitieran los hechos.
—Son mías —se limita a contestar entre dientes— ¿Acaso tengo que dar explicaciones?
La chica se acerca al rubio, se coloca de puntitas y le susurra algo al oído, los ojos azules del más alto se posicionan en la albina.
—Bien —acepta— te las daremos pero primero necesito que nos acompañes, sería bueno que mínimo presentarás disculpas por invadir propiedad ajena ¿No crees?
—Sin contar que apestas —se queja la asiática cubriendo su nariz.
—¿Que...? —No quiere ser obvia, pero discretamente acerca un mechón de su cabello a su nariz.
No olía mal.
El hombre se acerca a la albina y le extiende el bolso el cual Kelly acepta a regañadientes colocando la correa alrededor de su hombro.
—Genial, vamos —aplaude la rosita emprendiendo camino fuera de la cueva y el rubio mira de reojo a Kelly.
—Solo síganos.
Kelly apretó el bolso contra su costado y sin más que decir solo se resigno a seguirlos aprovechando para volver a colocarse sus guantes antes de salir de la cueva. Si era propiedad ajena significaba que había un dueño, sin contar que el rubio catálogo las esmeraldas como "objetos prohibidos" algo que no dejo pasar por alto.
Solo tendría que seguirle la corriente hasta que los demás la encontraran.
A medida que continuaban la maleza de los árboles se vió reemplazada por jardines de un aspecto envidiable con flores de todos los tamaños y colores, algo bastante contrastante comparado al deprimente entorno del bosque de hace unos momentos atrás, una estructura comienza a mostrarse frente a ellos, tenía aspecto antiguo pero cuidado, los ojos de la albina se fijan en el castillo luego mira hacia sus espaldas.
Las grandes puertas son abiertas ante ellos pero no hay nadie del otro lado, a diferencia del exterior el castillo tenía un aspecto lúgubre que no combinaba para nada ante los dos que tenía al frente, la rosita caminaba dando saltitos, era el retrato vivo de Pinkie Pie mientras que el rubio detrás de ella se mantenía con un aspecto calmado, sus manos permanentemente en sus bolsillos aunque Kelly no ignoró el brillo del acero alrededor de sus dedos.
Al entrar al gran salón, la iluminación es distinta, más tenue, Kelly puede visualizar a un joven de brazos cruzados, su cuerpo apoyado en una columna, se muestra tranquilo pero sabe que el muchacho ya ha notado su presencia por la forma en la que camina hacia la otra figura en la habitación, se inclina junto a una mujer que arreglaba un ramo de rosas susurrándole algo al oído, dirigiéndo a Kelly una mirada que delataba todo menos amabilidad. La mujer se gira y deja las tijeras a un lado, al notar su presencia la pelirrosa se acerca a la mujer rubia ahogandola en un abrazo que la otra no parece disfrutar en absoluto. Antes de que pueda dar un paso más el jóven desenvaina su arma cortando el paso a la albina la cual se limita a guardar silencio.
—¿Que significa esto? —exige saber.
El hombre intercede por ella desviando la hoja de la katana hacia un lado mientras se posiciona enfrente de la chica.
—La hemos encontrado en el bosque, ha venido a presentar sus disculpas por invadir el territorio de Rose —el pelimorado arruga la nariz mirando de reojo a la albina antes de bajar su arma.
—¿Se supone que crea eso?
—Si —el mayor empuja al muchacho haciéndose paso frente a la rubia quien luchaba por librarse del agarre de la menor— Miyeong deja a Rosie, luego se pone de mal humor.
—¿Es eso cierto? —pregunta a la rubia.
—¡Si! —la mujer no lo duda y se quita a la coreana de encima, arreglando su ropa y cabello, limpiándose casi con asco— No recuerdo haber permitido las visitas, Adam—reprocha al más alto y Kelly blanquea sus ojos.
¿Cuando se podría ir? Es la mayor pregunta que se hace. El hombre suelta una risita burlona alborotando el cabello de la más baja, tal parecía que todos tenían confianza con ella.
—Oh creeme —dice mirando a Kelly— tiene algo que te interesa.
—¡Ademas de que apesta! —canturrea la coreana.
La mujer observa a Kelly, alza una ceja y luego observa al rubio.
—Ciertamente, apesta.
Rose dio un paso hacia adelante, ignorando los comentarios poco sutiles de Miyeong. Sus ojos verdes escanearon a Kelly de arriba abajo, deteniéndose un segundo de más en sus manos enguantadas antes de fijarse en el bolso.
—Supongo que no hace falta pedirlo —dice acercándose a la albina— ¿Nos harias el favor?
—Crei que venía a presentar disculpas —masculla entre dientes mirando fijamente a Adam quien se encoge de hombros.
Ante la falta de colaboración del otro no le queda más remedio y tira del bolso, enseñándole las esmeraldas a la rubia la cual disimula un jadeo al verlas, retrocede inconscientemente y sus ojos se clavan en la albina.
—Asi que habían más... —Murmura con disgusto— ¿Por que tendrías tantas de... Esas?
—Lo que haga con ellas no es su asunto —contesta, el pelimorado avanza un paso pero Rose alza una mano pidiéndole que se detenga— Solo las estoy transportando.
La mujer ríe negando.
—No "transportas" ese tipo de cosas en un mugre bolso de tela y mucho menos si apestas a eso.
—¡Por última vez no apesto a nada! Me he bañado ¿Ok? —vocifera exasperada dejando caer sus brazos en un movimiento brusco— Mire, señorita, ni siquiera soy de aquí, necesito las "gemas" porque en serio, quiero ¡Anhelo matar a alguien! Me están faltando dos y tengo amigos a los cuales buscar, si fuera muy amable de fingir que no me vio, lo agradecería.
Lo había confesado, Rose por su parte guardo silencio, se cruza de brazos y ladea su cabeza, mantuvo la mirada fija en la albina durante lo que pareció una eternidad, antes de que una sonrisa gélida curvara sus labios.
—¿Matar a alguien dices? —Rose rodea a Kelly observándola como si fuera una pieza de museo y la más alta no puede evitar sentirse incómoda— Me estás diciendo que, si consigues las dos que faltan ¿Te las llevarás de aquí?
—Creo haber sido clara —murmura la otra.
La mujer lleva una mano a su mentón y cierra sus ojos tarareando como si estuviera pensando.
—¡Asaki! —Llama a su compañero— Trae las que faltan, hagamos nuestra buena acción del año.
El pelimorado asiente y se retira de la habitación, Kelly frunce el ceño observando a la mujer regresar a su ramo de flores.
—¿Que? ¿Usted tiene...?
—Por supuesto, no pueden estar sueltas así —dice con obviedad— la última persona que uso una enloqueció.
—Y por última persona te refieres a ti —comenta casualmente Miyeong.
—Miyeong, calladita te ves más bonita.
—Aww ¿Soy bonita? —pregunta y Rose blanquea los ojos.
Kelly guarda silencio, quiere preguntar porque Rose enloqueceria al intentar usar las esmeraldas pero justo antes de poder decir nada, la mujer corta un tallo que cae en el suelo.
—Has mencionado a unos amigos... —comenta casualmente— ¿Cómo se ven? Quizás podríamos encontrarlos.
La albina tarda en responder, primero se mostraba poco interesada y ahora hasta se ofrecía a ayudar.
—Un hombre y dos mujeres —contesta finalmente— todos de cabello oscuro, el hombre usa guantes y lleva una camiseta sin manga de cuello alto color azul oscuro, la primera chica es alta y su cabello tiene mechones rojos, usa chaqueta de cuero roja y la última chica tiene dos perforaciones en el puente de su nariz.
—Ya saben que hacer —ordena a los otros dos.
Tanto el rubio como la pelirrosa asienten antes de retirarse del castillo, la coreana despidiendose de manera efusiva y el hombre con un simple gesto de paz con sus dedos, las puertas se cierran dejando a Rose y a Kelly en el silencio del gran salón.
—No tiene porque hacer tanto, con que me de las esmeraldas es más que suficiente.
—Tengo que —se encoge de hombros— en realidad me estás haciendo un favor.
No quiso decir nada, pero la curiosidad le pudo más.
—¿Por que enloqueció? —se atreve a preguntar— De dónde vengo las esmeraldas pueden incluso hacer milagros ¿Por que a usted le haría daño?
Rose dejó las rosas de lado, recoge el tallo caído y caminó hacia un ventanal y deja caer la rama, observando el cielo lúgubre de su reino. El silencio del salón parecía pesar más ahora que estaban en soledad.
—El caos y el orden no se llevan —se limita a responder girandose hacia Kelly— Te has corroído de eso ¿Verdad? Apestas a ello.
Kelly sintió un escalofrío atravesar su cuerpo, inconscientemente sus dedos rozaron la tela de sus guantes.
—¿Disculpe? No sé a qué se...
Rose soltó una risa seca, sin rastro de humor, camina hacia la albina deteniéndose justo frente a ella. La mujer desenreda el corbatín de su cuello dejándolo caer en el suelo para luego dirigir sus dedos a los botones de su chaleco, una acción que no hace más que incomodar a la albina.
—Eh... —retrocede un paso— De ante mano aviso que las chicas no me... ¡Ay Dios mío! —se cubre los ojos en cuanto Rose abre el chaleco.
Rose suspira y chasquea la lengua antes de sujetar las manos de Kelly y destapar su rostro en un movimiento brusco, lejos de lo que imagino ver, la albina traga saliva nerviosa al ver las marcas oscurecidas en el, si, pecho masculino del ahora chico, era una cicatriz fea que nacía desde centro de su corazón y se extendía por todo su torso y parte de su cuello como una mancha de media noche.
El silencio en el salón se volvió sepulcral. Kelly no podía apartar la mirada de esas vetas oscuras que parecían palpitar bajo la piel del chico, como si tuvieran vida propia.
—Esto sucede cuando te metes con la persona equivocada —murmura abrochando su chaleco— Una maldición tan asfixiante y dolorosa, que te consume hasta el final.
Él dio un paso atrás, permitiendo que Kelly respirara de nuevo, aunque el aire se sentía pesado.
—¿A quien provocaste tú?
—A un maldito hijo de puta —responde sin más, sus dedos ahora aferrándose a la tela de sus guantes— ¿Hay alguna forma...?
Rose la mira de arriba abajo, casi satisfecho por el hecho de que Kelly había admitido indirectamente. El pelimorado vuelve con un cofre en las manos llamando la atención de ambas, al abrirlo las gemas brillan reaccionando ante la cercanía de las otras.
—¿Es buena idea entregárselas? —pregunta Asaki al rubio.
Rose no responde de inmediato, más centrado en la albina.
—Kelly —la llama— Toma las gemas.
Ante las palabras del mayor, el japonés le extiende el cofre a la albina quien se acerca y sujeta las esmeraldas sin mucho más para luego guardarlas en su bolso. Kelly ajustó la correa de su bolso, sintiendo cómo el peso de las esmeraldas juntas emitía una vibración que le recorría el cuerpo, un poder cálido pero que no aliviaba del todo aquella comezón.
Rose sujeta su mano y sobre esta deposita una daga de aspecto delicado, la empuñadura transparente conteniendo un líquido oscuro como la noche y una rosa decorado la punta, la obliga a tomar el arma cerrando sus dedos alrededor de ella.
—Dale esto al portador original y serás libre de la corrosión —contesta a su pregunta— una sola apuñalada —gira su muñeca — y el veneno hará lo suyo.
Kelly traga saliva observando el objeto en sus manos "el portador original" se repite a si misma, asiente lentamente y guarda el arma.
—Esto... ¿Lo matará?
—Solo si eres lo suficiente astuta.


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